jueves, 23 de abril de 2026
Aversión misantrópica
escribe Carlos Madera Murgui
Un análisis crítico de las políticas recientes hacia las personas con discapacidad en Argentina, donde el endurecimiento de controles, la falta de implementación normativa y los recortes presupuestarios configuran un escenario de creciente vulnerabilidad social y retroceso en derechos adquiridos.
A nadie escapa —por más acérrimo defensor y adherente al presidente Javier Milei y su gobierno, además de coincidir con su postura— que LLA en su conjunto tiene una “especial” aversión misantrópica y un razonamiento o idea en flagrante disputa contra las personas con discapacidad.
Desde los albores de su mandato, y con distintos dirigentes en los puestos de gestión, sumado al “desinformado y engañoso” acompañamiento de gran parte de la sociedad argentina, la actual administración cargó desaforadamente con desfinanciación y recortes contra personas con discapacidad, prestadores, profesionales terapéuticos, acompañantes, empleados, instituciones y todo lo relacionado con el sector.
Pasó mucha agua bajo el puente, con corrupciones y procesamientos que desmantelaron la Agencia Nacional de Discapacidad, mentiras, operativos viciados de idoneidad por gente nueva que no supo hacer su trabajo, y un relevamiento vergonzoso en organización, seriedad y conocimiento.
Luego vino un lapso de mucha discusión, pero con mayor atención y estudio de lo que se trataba. Vio la luz, gracias a las organizaciones intermedias de la discapacidad, la escucha de los legisladores y la presión mediática, una nueva ley en dos oportunidades, cuando el gobierno nacional pretendió vetarla. No obstante, nunca se reglamentó ni se puso en marcha. Hasta estas horas, vuelve a objetarse de la misma forma, desconociendo la resolución legislativa con los mismos argumentos de hace más de un año.
Uno de los ejes centrales del proyecto es la implementación de un reempadronamiento obligatorio para todos los beneficiarios de pensiones por invalidez. Según el texto, deberán acreditar nuevamente su condición médica, situación socioeconómica y antecedentes laborales. “Aquellos que no lo hagan sufrirán una suspensión automática de la pensión y la pérdida del beneficio”, establece la propuesta.
Se pretende una nueva revisión en la que los discapacitados deben argumentar su condición, y no a la inversa, donde las autoridades deberían, con su poderío estatal, comprobar con seriedad y sin rimbombantes chicanas la situación de vida que padecen quienes están en el sistema. Nadie rechaza revisiones: el Estado tiene las herramientas necesarias y adecuadas para detectar anomalías y regular seriamente, sin necesidad de exhibiciones absurdas.
El proyecto también introduce un sistema de control más estricto mediante el cruce de datos entre organismos como ANSES y ARCA, lo cual ya existe. Además, habilita la suspensión preventiva de beneficios ante inconsistencias detectadas.
Pero no deberían suspender todo y después analizar, como ya ocurrió temporalmente el año anterior. Personas con discapacidad de nacimiento, con 30 años en el sistema, deben volver a acreditar su condición física, mental, intelectual o sensorial duradera, que, al interactuar con barreras del entorno, limita o dificulta su participación e inclusión plena en la sociedad.
En cuanto al monto de las pensiones, se fija en el 70% del haber mínimo jubilatorio y se elimina la posibilidad de otorgar adicionales por invalidez laboral o zona desfavorable. A su vez, establece la incompatibilidad total con el empleo formal, lo que impediría que una persona con discapacidad mantenga el beneficio si accede a un trabajo registrado.
La iniciativa también propone cambios en el sistema de prestaciones, eliminando el nomenclador nacional y habilitando acuerdos descentralizados para la administración de fondos. Esto implicaría una desregulación en la fijación de aranceles por parte de obras sociales y prepagas.
Además, se eliminan programas vinculados a la promoción del empleo para personas con discapacidad y beneficios para empresas que las contraten, lo que podría impactar negativamente en las políticas de inclusión laboral vigentes.
El sufrimiento por la ausencia de un ingreso mensual afecta mucho más de lo que la mayoría cree en cada una de esas familias, sin contar la interrupción de servicios de salud y transporte. Instituciones que dependen de becas deben interrumpir su tarea —algunas definitivamente— por la falta de la ayuda estatal que originó su creación.
También los trabajadores con discapacidad de los TPP (Talleres Protegidos de Producción) de todo el país “cobraban”, desde diciembre de 2023, un peculio mensual del gobierno nacional de $28.000. Hace poco más de un mes, las agencias territoriales del Ministerio de Trabajo —nexo del sistema con ellos— anunciaron un aumento del 424,5 %, que eleva esa remuneración a $143.890 cada 30 días, retroactivo al 1 de enero de 2026. Se publicó en el Boletín Oficial (ratificación lógica para una sospecha también lógica), pero lo cierto es que los trabajadores, en lo que va del año 2026 (hasta hoy), no han cobrado ni el monto anterior ni el nuevo: sencillamente, nada en casi cuatro meses.
Un nuevo destrato que se suma a “nuevas ideas” como lo enviado al Congreso. Hasta el momento, el monto de tres jubilaciones mínimas era el umbral para una incompatibilidad de ingresos por distintos conceptos. Está bien: deben prevenir el lujo y el despilfarro de esos montos. Ironías aparte, la iniciativa del Ejecutivo se traduce en una nueva involución en la situación de quienes están en desventaja para batallar contra estos dislates.
“Contra el Fraude de Pensiones por Invalidez”: así se titula el nuevo proyecto, que pretende prejuzgar a un universo que seguramente podría mejorarse. Pero, sin dudas, aparece como una iniciativa de un gobierno que, manejando el Estado, quiere desentenderse definitivamente de sus obligaciones legales y constitucionales, justamente frente a la vulnerabilidad extrema. (22-04-26).
domingo, 12 de abril de 2026
Inquietante confusión / Escribe Carlos Madera Murgui
Entre internas difusas, liderazgos débiles y un electorado cada vez más volátil, la política local parece debatirse entre la inercia y la improvisación, sin lograr consolidar un rumbo claro.
La Dorrego Send an email0 4 minutos leídos
Cuando varias personas de la actividad política lugareña han dado su parecer sobre distintos asuntos referidos al accionar dirigencial dorreguero, emergen ostensibles dudas a partir de lo escuchado. En declaraciones —por lo que uno sabe, meditadas o no—, con lo escueto y la inmediatez que suponen las expresiones en redes sociales, escenario elegido incluso por el propio jefe de Estado para ordenar o decir lo que muchas veces no se quiere, resulta del conjunto una inquietante confusión que no es halagüeña en cuanto al optimismo sobre lo que vendrá.
Esto ocurre, en parte, cuando erróneamente se analiza un espectro político exclusivamente desde lo electoral. La situación del peronismo, en sus diversas versiones, confunde aún más sobre la base de ideas, ya no solo en el sui generis vernáculo —donde mucho más no queda, vista la excepción de años atrás—, sino también al agregar circunstancias de contexto que tienden a justificar o excepcionalizar ciertos comportamientos de su gente. Aunque a la unidad se la invoca, no se la construye ni se la defiende: el karma permanente del justicialismo.
Las últimas elecciones partidarias en el PJ desnudan diferencias, pero no más allá de la propia interna detrás de figuras puntuales, alejadas de procedimientos, modos o ideas en particular. De cualquier manera, no se destaca demasiado, y la conducción del partido no aparece como una herramienta muy valorada, al menos por estas tierras.
La responsabilidad de los líderes (con cargos conferidos) no es la misma que la de los militantes o adherentes al momento de explicar situaciones de confusión y vasta inercia. Dirigentes o candidatos que se muestran “abatidos” por disputas que no han durado mucho más que una campaña electoral; otros que se dicen “dispuestos”, pero sin saber claramente a dónde pertenecen; y aquellos que “disfrutan” de un Edén sin sobresaltos conforman el mosaico. Un mosaico, por cierto, bastante uniforme en todo el abanico político dorreguero.
El bipartidismo local —al menos entre quienes resultaban ganadores— supo tener decisiones estructurales propias, sin pretender un divorcio de los escalones partidarios provinciales o nacionales, pero tampoco subordinándose a ellos al punto de perder identidad. Esto les permitió sostener construcciones locales sólidas, aun frente a vaivenes ideológicos.
Hoy, en cambio, guías o líderes de probada militancia, con analogía partidaria clara, parecen formar parte de un pasado anacrónico. En su lugar, surgen figuras carismáticas —o, como suele decirse, “con imagen”—, asépticas y neutras, desvinculadas de una verdadera capacidad o conocimiento político, el cual solo brinda la participación sostenida y el compromiso con ideas a lo largo del tiempo. Sin esos recorridos, la confianza se vuelve frágil. Su aparición, por lo tanto, resulta más ilusoria que consistente, aunque no imposible si se observan los números y el comportamiento moderno de la sociedad.
No es que no haya gente capacitada; por el contrario. Pero esto choca con la confusión en las determinaciones, la falta de ética y el escaso cuidado de las organizaciones que deberían congregar adhesiones masivas. Estas, peligrosamente, se acostumbran a cambios de rumbo o de vereda que, a la larga, merecen castigo, aunque —coincidimos— no siempre preocupan demasiado.
La mutación hacia una política de conveniencia, propia de la época, da lugar a ese nuevo ejemplar social al que muchos llaman “vecino”: alguien que opina sobre todo, incluso sobre cuestiones que desconoce, o propone cambios tan livianos como modificar el pronóstico del tiempo. Este fenómeno desordena ideas largamente militadas, hoy erosionadas por estas dinámicas.
Si a esto se le suman discursos cargados de palabras e histrionismo, con picos emocionales que poco tienen que ver con una sustancia ideológica-partidaria —no garantizada más allá de coincidencias económicas circunstanciales—, los resultados se vuelven impredecibles.
La vigencia de LLA en el país es incierta, ya que su hegemonía depende de humores sociales y acuerdos circunstanciales con socios cambiantes —o no tanto—, como la UCR. A nivel local, aún no conviven, pero nunca se sabe. Más allá de lo institucional, es sabido que esta nueva fuerza se compone mayoritariamente de adherentes provenientes de otros espacios. El ya indisimulable “fuego amigo” de la última elección legislativa deja interrogantes: no se sabe si aleja o acerca.
Detrás de un democratismo que supone alcanzar la armonía total negando o eliminando el conflicto —como si este no fuera inherente a la política—, se promueven ideas como el diálogo sin confrontación, la concertación sin tensiones y la no contestación como virtud. Pero al hacerlo, se vacía a la política de su naturaleza esencial como organizadora de la vida social, trasladando su función a una tecnocracia incapaz de establecer distinciones sustantivas.
Claro está, salvo el caso del oficialismo local, que cuenta con un escudo histórico y costumbrista que evita profundizar en estos debates. Esto le ha permitido gobernar durante más de dos décadas con resultados electorales sólidos, sin depender significativamente de otras fuerzas (más allá del cambiante PRO). En contraste, quienes aspiraban a disputar ese poder han desperdiciado oportunidades sin revertir una situación que hoy los encuentra en un pico de posturas indescifrables y manifiesto desconcierto.
Ese desconcierto ha dado lugar a nuevos proyectos que, en mayor o menor medida, simbolizan una modernidad sin cimientos claros en cuanto a formas de conducción.
Nadie tiene certeza sobre el comportamiento futuro de la ciudadanía. Aún está cercano septiembre de 2025, con múltiples lecturas posibles, lo que mantiene en vilo a los distintos actores políticos. Sin embargo, esa preocupación parece desfasada cuando la actividad cotidiana —la que realmente construye— transcurre entre acciones desconcertantes: algunos no reaccionan, otros no actúan sobre las expectativas generadas, y el resto transita un camino cansino, como con una Ferrari aún con combustible, pero sin dirección clara.
Las posturas adoptadas llegan a sonrojar incluso a los más extremos ideológicamente —especialmente a los sectores de derecha—, y no han resultado favorables al momento de ser elegidos. Tal vez porque, en el fondo, muchos aún no comprenden para qué equipo juegan. (12-04-26).
viernes, 3 de abril de 2026
La Matriz / Escribe Carlos Madera Murgui
Mis amigos y hermanos, asesinados por la dictadura cívico-militar-eclesiástica, jamás los olvidaré. Su recuerdo me abstrae de un juicio imparcial. Ha sido, tal vez, uno de los hechos más trascendentes por lo doloroso y angustiante que me ha tocado vivir.
Tal vez no sea así, si se considera el desprecio por la vida humana que sufre el mundo en estos días. También puede que no tenga que ver con lo economicista y banal en que se han transformado nuestras acciones cotidianas, en todas las edades. Argentina no es sólo un país con problemas económicos. Es, sobre todo, un país con una red de información dañada.
El sistema argentino dejó de procesar información real y reemplazó la verdad por relatos oficiales. El resultado no es sólo precarización o pobreza, sino una pérdida de sincronización social. No dejo de insistir en que “la verdad es la principal víctima” en cada instante de nuestros días.
Después de muchos años de repetir sensaciones del momento y recuerdos reflexivos de la tragedia, queda por decir, una vez más, que la esencia de la lucha —detrás de férreas convicciones de vida innegociables— marca la memoria de los hermanos perdidos en el más alto sitial de relevancia ideológica.
Deberíamos recordar, a mi entender, más allá de la alegría que algunos eligen —con todo derecho—, y hacerlo desde una profunda introspección sobre el motivo de su inmolación, a sabiendas de que no terminaría de otra forma. Lucharon, literalmente, por algo en particular que hoy gozamos con total naturalidad, como si fuera justicia y derecho divino. No fue así. La prueba es la saña del exterminio, con una estrategia y entrenamiento predeterminados para dictaduras en Latinoamérica.
Dejando detalles de lado, lo que querían aniquilar eran ideas. Esa era la base del plan, que contemplaba además lo económico. Muerte y saqueo prevalecieron.
Las políticas de memoria, verdad y justicia, los juicios por crímenes de lesa humanidad y los sitios de memoria funcionan —todavía— como un contra-dispositivo frente al legado dictatorial. Al visibilizar continuidades institucionales y económicas, así como una distribución del ingreso estructuralmente regresiva, estas memorias disputan sentidos consolidados por el neoliberalismo y reponen la dimensión estructural de la violencia económica y estatal inaugurada en 1976.
Desde una perspectiva de larga duración, el balance de la dictadura cívico-militar-eclesiástica marcó la consolidación de una élite rentística asociada al capital financiero global, un aumento exponencial del endeudamiento externo, la desindustrialización y un profundo debilitamiento del poder social de la clase trabajadora.
Lejos de clausurarse en 1983, esta matriz se reactivó en sucesivos ciclos neoliberales que retomaron el ideario de apertura, ajuste y valorización financiera. La disputa contemporánea por la democracia, los derechos humanos y la justicia social implica no sólo juzgar los crímenes del pasado, sino también desarmar las continuidades institucionales, normativas y económicas heredadas de aquel régimen.
Nada o poco ha cambiado a la luz de la actualidad. La contraofensiva del odio y la violencia está a flor de piel en todos lados. No sólo en la fuerza bruta de gobernantes que creen que pueden hacer lo que se les antoja desde sus mentes tortuosas, sino también en el discernimiento y la intelección general de las poblaciones.
Hoy nada conmueve. Se pierde el tiempo y el objetivo discutiendo si fueron 30 mil, si mataron madres o cuántos bebés se robaron, como si la gravedad de la matanza fuera una cuestión de números.
Pero tampoco debemos olvidar que sociedades como la nuestra, la pueblerina —no todos, sino muchos—, que los conocían bien, cobarde y arteramente los negaron, al igual que a sus familias. Nunca hubo, al menos, una aceptación. Como toda concepción o pensamiento, nada es absoluto, pero eso no quita la propagación de ideales firmes que les costaron muy caro en nuestro nombre.
“En algo andarían”. Por supuesto que andaban: desde su capacidad de entendimiento, bregando contra injusticias, atropellos y sangrientas cacerías. Persiguieron y mataron, especialmente, a quienes pensaban, pero también se llevaron a personas de todos los estamentos sociales, con participación y adscripción muy claras.
La labor de exterminio dio sus frutos. Lograron, en gran medida, vaciar de raciocinio e intelecto a generaciones inmediatas, que marcaron —no casualmente— las realidades que hoy nos toca soportar.
Que no haya sido inútil, sin logro ni efecto. Vuestra memoria lo merece, hermanos. Seguimos pugnando por la verdad y la justicia. (24-03-26).
"EL ENCADILAMIENTO DE LOS INDOLENTES". por Carlos Madera Murgui
"El pensamiento colectivo, actividad nada de moda en estos tiempos, individualistas por naturaleza, pseudo rasgo cultural menemista, lleva a concatenar situaciones que se transforman en opinión, cuasi ideológicas,( obviamente no se percatan , pero no sacan los pies del plato), apuntalado por un discurso casi idílico, irreal, embustero, donde se repite sin saber, pero también sin pensar, pese a la instrucción de cada cual, que varía seguramente. Las bajadas de línea del presidente de todos los argentinos, sin dudas, gozan de una singular importancia,( y es claro que la debe tener ), en la efectividad inmediata de comunicadores muy de acuerdo y público a convencer, con muchas ganas que lo convenzan. Yo también tengo ganas que me persuadan, pero primero me tienen que hacer creer que a todos nos va bien, y que no somos responsables de lo que otros piensan para nosotros en desmedro de lo pretenden apoyemos. Y Cuando hablo en plural, hablo en colectivo,… Porque a muchos les va bien, no nos confundamos, ustedes dirán que son los menos,… dirán que son los que más tienen,…( que siempre la juntan y apoyan bien a quienes no los molesten) sostendrán que son los que nunca tuvieron problemas, o no al menos los que tiene la mayoría. Seguramente es así, y es precisamente donde gobiernos como el de LLA, coalición integrada por el partido de Macri, la UCR y acompañantes ocasionales, pergeñan políticas conservadoras, que jamás han sido beneficiosas para el conjunto. La definición crítica, entre tantas que ha inspirado el actual gobierno es; esto es para unos pocos. Por eso el atolondramiento, que no es nuevo,ya pasó con el menemismo, no hace olvidar, que los que la piloteaban hasta hace dos años( de distintas maneras, siempre trabajando, nunca dejaron de hacerlo ahora tampoco), tenían un pasar ascendente, nada inusual, pero sí fundamental, básico, importantísimo cuando no está, que era intentar una casa propia, ayudado por el Estado, con tiempo para devolver, lógico dentro de las posibilidades de cada uno, asistencia sanitaria asegurada, vivir un poco mejor que al día, estabilidad laboral para apuntalar estas cosas (sin pique nos vamos a pique), criar hijos, posibilidad de brindarles estudios u oportunidades para abrirse camino en la vida. Una vida en plena familia, sin angustias, con planes, con futuro, tambien con ocio.
La formulación del empresario Javier González Fraga, quien siendo presidente del Banco Central Macrista sostuvo que se le había hecho creer a un empleado medio que podía acceder a consumos que no le correspondían ; No fue un desliz, fue una enunciación. Allí se anticipaba lo que hoy vivimos, se enunciaba esta mutación situada, el goce del otro como exceso a castigar.
El ajuste deja entonces de ser una herramienta económica para convertirse en un dispositivo de castigo. No se trata solo de ordenar variables económicas, sino de reordenar quién puede gozar y quién debe ser privado.
Pero no, estos pensamientos resquebrajantes, enfermizos ( no solamente de los gobernantes y dirigentes que hablan desde su comodidad), sino de millones de pares, vinieron a edificar o ya lo pensaban que quien tienen al lado,…son todos holgazanes, vagos, acomodados, planeros, corruptos, primando una moralina de cabecera superior a todo lo conocido. En toda la historia del pais, esto no se ha visto declaman...y estamos muy de acuerdo. Yo creo que allí radica el mal, porque gobiernos va a ver muchos, y equivocados pese a las mayorías, también. Lo que sí, el pensar en grupo creo es de bien nacido, solidario como nos pretenden enseñar en la iglesia y en la escuela, me lleva a hacerlo porque creo que a la mayoría no le va bien, no exceptúa de cómo me va a mí, o cómo le va a Usted que putea leyendo esto, vivimos todos juntos comunitariamente.. por ahora. Nadie es responsable ni culpable si votó a favor o en contra, eso es una consecuencia, abrumadoras mayorías no va a ser la primera vez que cambien. La moda de personalizar la opinión de cada uno, me repite en la reflexión de un proverbio español que reza “ cada uno opina, apoyado de cómo le fue en la feria”. La impotencia nace cuando el oprimido elogia a su torturador. A los periodistas también nos va bien o mal, eso sí tenemos encima todo un fundamento y la información para ver las cosas y equivocarnos, tal cual puede hacerlo cualquier votante, y también opinamos con una base ideológica determinada. A mí no me condiciona.
Si a mí me va bien, tengan por seguro, que no voy a cometer la torpeza, cual dirigentes con su propio pasar, que nos quieren hacer creer que solo falta que llegue Alicia, para estar en el país de las maravillas, seguiré diciendo pese a quienes no quieren oírlo que " esto no va bien " y no como afirmaba el ex presidente riojano " estamos mal, pero vamos bien"
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