lunes, 14 de septiembre de 2015

::Adoquines salvajes:: 12 de septiembre



Más de lo mismo… dicen que el Cristo se tapó los oídos…




::Por Gustavo Marcelo Sala::

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Cuando se afirma y se opera para que la actividad privada venza definitivamente al Estado, es decir al colectivo, tal cual se suele afirmar en las cámaras y en los estrados neoliberales, de lo que se trata es de implosionar el tejido social y el concepto de soberanía. Los discursos escuchados en la Sociedad Rural local durante el fin de semana pasado son una clara expresión de lo antedicho. Lamentablemente voces que se autodefinen como progresistas le han dado confort a tales expresiones mientras el radicalismo local ya se ha alineado definitivamente a esos postulados regresivos y conservadores. Está muy vieja la derecha. Adolece de modernismo y regresan con sus viejas recetas perversas y excluyentes. La motorización de las fuerzas sociales por medios del egoísmo individual ha provocado una polución que muy difícilmente encuentre su saneamiento. Es como un daño ambiental irreversible. El combustible aplicado es sumamente contaminante ya que se encarniza en la piel del individuo formando parte de su existencia. Como salvoconducto colectivo la única opción que queda el palear las consecuencias ya que resulta imposible una cura definitiva.

Y aparecen entonces los denostados populismos inclusivos, movimientos ideológicamente difusos, notoriamente más pragmáticos de los que se afirma que colocan al Estado como fuerte actor de los procesos productivos pero que de ningún modo pone en tela de discusión la propiedad privada de los medios de producción.

Hablar de totalitarismo estatal mueve a risa y ridiculiza el debate. Con solo observar en donde descansa el poder real y su enorme incidencia económica y política alcanza para entender que no sólo las corporaciones mantienen vigentes su despotismo sino que además laboran fuertemente para profundizar internamente la crisis internacional.

¿Qué le dice hoy la derecha a esa ciudadano individual que durante el apogeo neoliberal perdió su empleo, su casa, que vio desmembrada su familia, todo en pos de la eficiencia y los asientos contables? Pues le está proponiendo el mismo y salvaje discurso, mensajes y políticas que los llevaron a padecer sus más tristes penurias. Este segmento ideológico no alcanza a entender, porque no quiere ni se interesa por hacerlo, que para plasmar sus paradigmas primero es necesario equilibrar a la sociedad y eso lleva mucho tiempo luego de la devastación vivida. Los conflictos terminales ven la luz cuando existe una porción de la población que corre los cien metros llanos en diez segundos a la par que las mayorías no llegan a los cincuenta metros en ese mismo lapso. ¿Qué respuestas le da la derecha a estos segmentos? Pues ninguna, respuestas que si le brinda el populismo, aún con dificultades y contradicciones.

Y esta discusión política no nos es ajena en Coronel Dorrego. Existen dos modelos ideológicos y políticos bien diferenciados. Por un lado la Alianza PRO-UCR afirmó sus fundamentos a través de su candidato Raúl Reyes a propósito del empleo y el límite que presentan las cargas sociales para el desarrollo productivo en el distrito, vale decir la visión empresarial del dilema. En su misma sintonía Fabián Barda abrevó de las fuentes ruralistas apoyando todo tipo de liberalización de las exportaciones agropecuarias sin detenerse en el agregado de valor a dichas materias primas. Lo de la derecha local es claro y contundente. Es lo que viene realizando desde hace 16 años. Cero provocación estatal a favor del desarrollo interno y procurar que algún día los barcos lleguen a las tranqueras de sus aliados esperando que un generoso derrame ingrese por la Avenida Casal Varela.

Por otro lado el FPV propone ese modelo que fue denostado, injuriado y calumniado por el señor Guillermo Irastorza, presidente de la SRCD desde su tribuna dominguera, proyecto que arribó a dicha condición por medio del voto popular, y no por asonadas militares ni proscripción alguna. En un discurso banal y lavado habló de sus centenares de hijos inmigrantes víctimas de la voracidad estatal y no de los millones, también hijos de inmigrantes, que ese modelo agroexportador excluyente dejó a la vera del camino durante la segunda década infame. El FPV propone una reconversión de Coronel Dorrego para que el valor agregado de las materias primas tenga la misma entidad política que la actividad agropecuaria exportadora. ¿Y qué significa esto? Complementar ambas actividades productivas con el objeto de poner en funcionamiento fuerzas revulsivas que comiencen a promover que la rueda desarrollista vuelva a girar. Sin dejar a nadie afuera, y no como es en el presente, con el objeto de iniciar un programa industrialista que nos transforme en un polo de atracción en la región de acuerdo a nuestras modestas características y potencialidades.

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